Ahora que nos contamos

Vivimos un momento único para el cuento. La blogosfera nos acerca y cada vez somos más los que participamos en esta vorágine de lecturas. Nos leemos y comentamos. Aquí encontraras textos para la reflexión y mentiras, muchas mentiras adornadas de realidad...

También he querido hacer mi pequeño homenaje a esos autores a los que tanto debemos, su influencia pesa sobre nosotros y nos hace crecer.

Puedes participar con tus comentarios si lo deseas porque, ahora que nos contamos tantos cuentos..., es el momento.

Espero que el resultado valga la pena y que te sientas a gusto entre estas páginas.

27/12/11

Mentiras

La vio y el corazón se le aceleró. Quiso salir de allí inmediatamente, antes de que ella le viera, pero ya era tarde; ella también le había visto y su sonrisa le delataba. Ambos pasaron por el mismo pasillo del supermercado; ella mirándole descaradamente, él evitando su mirada. Sus brazos se rozaron al tiempo que él se acercaba tiernamente a su mujer y le decía al oído "te quiero".
Foto: Robert Doisneau

16/12/11

¿Quién necesita a quién?

           Como cada mañana se dispuso a desayunar, encendió la televisión y mientras se preparaba la tostada se quedó ensimismada mirando la carita de una niña. El corazón se le encogió. Tenía tanto amor que dar y había tantos niños tan necesitados que cuando en aquel programa de televisión apareció aquella familia acogiendo a una pequeña con problemas, pensó que ella también podía hacer algo así. Quizá fuera una solución. ¡Qué carita tan dulce tenía! Y parecía tan frágil, ¡qué satisfacción sería darle un poco de cariño!
La sorprendió el  rostro indiferente que tenía la niña, era evidente que se sentía perdida, pensó. ¡Qué necesitada de cariño parecía estar! No pudo más y la emoción la embargó resbalándole por las mejillas estériles de besos y caricias una cascada de lágrimas.
 –Quiero pensar que lo vas a encontrar. –Musitó mientras se secaba las lágrimas con la manga de su bata.
Desde ese día no dejó de pensar en acoger a algún pequeño, sin embargo, algo la frenaba. En principio lo achacaba al temor de que a ella no se lo dieran por no tener pareja, aunque  sabía y era inútil negarlo, que lo que realmente la frenaba era el temor al dolor, al dolor de dar cariño, de recibirlo y de perderlo. Esa había sido la verdadera y única razón de que estuviera sola y de que hubiera dejado pasar de largo tanto amor en su vida, de que no intimara con nadie y de que ahora se debatiera entre un mar de dudas. En sus cavilaciones quería convencerse de que el dolor que ella pudiera sentir tenía que ser compensado con el bien que haría, pero a la vez que pensaba esto aparecía ante ella una barrera infranqueable.  Lo deseaba con todas sus fuerzas pero no conseguía liberarse de sus temores. No, realmente no podría pasar por lo que contaban las  familias de acogida:
“Acogimos a la pequeña Amanda con gran ilusión, queríamos darle un poquito de lo que teníamos a alguien que de verdad lo necesitara. Apareció en nuestras vidas una mañana gris y con recelo, un poco intimidada, se acercó a nosotros. Temíamos darle miedo, que no se integrara pero todo funcionó de maravilla, a pesar de su corta edad y de su enfermedad era una niña dulce que quería ser feliz y  nos daba día a día un poco de lo que ella tanto necesitaba. Vivimos su operación y su recuperación, la enseñamos nuestro idioma e intentamos hablar el suyo, reímos, lloramos y acercamos tanto nuestros corazones que cuando llegó el día de su marcha ya estábamos intentando volver a tenerla con nosotros. Esto no fue posible. Con gran dolor dijimos adiós a la pequeña Mandy, como nosotros la llamábamos, después de un año. Mandy voló a  país y en nuestros corazones nos dejó ese dolor que solo te deja la marcha de alguien muy, muy querido”
No, era demasiado para ella, no soportaría ese dolor, lo mejor era dejarlo estar. ¿Quién sabe? Quizá algún día…  


Imagen: Richard Avedon

6/11/11

Los pasos de Julia

        Una vez tuve un sentimiento. Sentí que a cada golpe de su voz me hacía más y más pequeñita, hasta el punto en el que no era capaz de ser persona, hasta el punto en el que le necesitaba para sobrevivir.
Julia mira por la ventana y suspira por estar ahí fuera.
Julia odia las paredes que la cobijan.
Julia siente un nudo en el estómago, dolor de cabeza y una sensación de agobio que la incapacita.
Julia se ahoga, ya no puede respirar.
Julia sueña con vivir otra vida pero no se ve capaz.
Julia está paralizada.
 Julia Pasó por mi vida sin avisar, de puntillas, le daba miedo hacerse notar. Cuando la conocí era una mujer insegura, ya era consciente de que todo en lo había soñado, en lo que había puesto sus esperanzas, en lo que había invertido su vida y su pasión, no eran más que cenizas. Había fracasado y se veía incapaz de vivir, de reconocer el fraude que era su vida y comenzar de nuevo sola.
Cuando en los momentos de lucidez su instinto le decía que debía salir de allí, su miedo poco más tarde, la convencía de que no era para tanto. ¿Cómo luchar contra tanta lacra acumulada a lo largo de tiempo? ¿Cómo luchar contra tanto convencionalismo? Contra esa sociedad machista que la inculcó obediencia y fidelidad a un hombre, a ese hombre que un día eligió casi sin darse cuenta y que ahora, después de los años no podía abandonar porque su conciencia no se lo permitía.
 Me confesó que no se quería separarse porque ella no era una mujer maltratada, su marido nunca la había pegado. Me di cuenta de que su educación había anulado toda su voluntad y que para ella vivir en soledad era lo más difícil del mundo, tan difícil que seguiría unida a aquel hombre solo por no enfrentarse sola a la vida.

Un día simplemente dejé de verla.

No supe de ella hasta hace un año. Habían pasado cinco desde la última vez que la vi y lo primero que pensé al verla es que era feliz. Sus ojos brillaban, su cara estaba radiante, llena, con una amplia sonrisa, y transmitía la fuerza que estaba dentro de ella y que por fin había encontrado. Me gustó verla así, me sentí yo también feliz.
Qué poderosos los sentimientos que son capaces de contagiar a los que nos rodean.
Su vida había dado un gran cambio, me contó, no sabía cómo pero había sacado fuerzas para dejar a su marido y ahora… Había encontrado a alguien.
Estaba enamorada aunque ella dijera que no. Su vida era otra y no se la quería  complicar, sin embargo, ya estaba hasta las cejas de complicaciones. Supe al instante que  estaba viviendo un sueño, lo demás no importaba, ahora había llegado su momento y por fin después de haber pasado penas y desilusiones, desengaños y traiciones, por fin estaba volando, frenética y vertiginosamente, pero volaba.
Temí su caída, pero es que yo siempre temo algo y por otra parte, por muy dura que fuera, merecía la pena solo por los momentos que estaba viviendo.
Como una adolescente me enseñó los mensajes y fotos de su chico. Fue fantástico sentirme yo también adolescente por unos instantes al compartir su tierna intimidad. Los sentimientos siempre están ahí, me dije, y son los mismos a los dieciocho que a los treinta, cuarenta… Qué más da la edad, lo bonito es vivir con ilusión.

Ayer apareció de nuevo en mi vida, parecía cambiada otra vez y al instante supe por qué. Me contó que aquella relación de hacía un año, terminó. Poco a poco se fue enfriando, sin rencor ni reproches. Se sentía agradecida por haberla tenido porque mientras duró fue muy bonita pero me dijo algo más. Se quedó mirando al infinito y me dijo algo que me hizo pensar:
 “Una vez tuve un sentimiento, sentí que a cada golpe de su voz me hacía más y más pequeñita, hasta el punto en el que no era capaz de ser persona, hasta el punto en el que le necesitaba para sobrevivir. Poco a poco encontré las fuerzas para luchar contra ese sentimiento que me paralizaba y por fin lo conseguí. Perdoné, pero no lo olvidé, porque solo el que olvida vuelve a caer en el mismo error”.

Imagen: Richard - Avedon

Felicidades a todas las Julias que por fin pisan con paso firme.

5/10/11

Y cerró la puerta

No le esperábamos aunque la puerta estaba abierta. Una improvisada alfombra de hojas secas cubría la entrada. Subió sigilosamente las escaleras que daban al segundo piso. La habitación principal estaba desordenada, había un revoltijo de ropas entre las sábanas de la cama sin hacer. Entró en ella y se quedó pensativo, se le veía inquieto, parecía que iba a dar media vuelta y marcharse cuando una mano se posó sobre su hombro derecho. Se giró intuyendo quien era y allí estaba ella, fantástica y radiante como siempre. Le preguntó que hacía allí. Estaba tan sorprendido que no podía articular palabra y al querer hablar tartamudeó. Ella, sin embargo tenía una expresión muy natural. No solo le invitó a quedarse, sino que le insinuó que… Donde duermen dos duermen tres, le dijo. Incrédulo, abandonó la estancia y la casa, al tiempo que ella se acariciaba tiernamente el vientre.

20/9/11

El habitáculo dorado

—¿Te apetece una sesión de sexo? —Dijo Sara a Simón mirándole fijamente, casi sin expresividad
—Simón sin desviar la vista de la pantalla   en la que trabajaba le contestó: —En cinco minutos estoy allí, ves preparándolo tú.
Sara se dirigió a la cueva dorada que había en medio de su enorme habitación y se sentó cómodamente en su interior. No quiso comenzar sola, era más insípido, por lo que esperó la llegada de Simón para poner en funcionamiento el revolucionario sistema, lo último en sexo.  ¡Cómo les hubiera gustado un aparatito de estos a sus tatarabuelos! —Pensó mientras se estiraba y acomodaba lentamente. Debía de ser tan asqueroso eso de tener contacto físico. Por suerte los tiempos cambiaban y ahora las enfermedades venéreas eran inconcebibles.
Simón entró despacio en la cueva y se sentó enfrente de Sara, en unos segundos ambos se iluminaron al tiempo que transmitían toda su fuerza al otro. A los veinte minutos la luz se apagó.
 —Qué paz. —Musitó Sara
—Nada como una buena sesión de sexo para descargar tensiones. —Agregó Simón al tiempo que salía del interior de la cueva.

12/9/11

JUEGA CONMIGO

         
El día había sido largo, la noche anterior durmió tres horas escasas ya que el bebé de apenas ocho meses no paró de llorar, esto hizo que su jornada laboral de ocho horas le pareciera de dieciocho. los papeles se le amontonaban en la mesa y decidió discernir entre los que tenían prioridad, por eso el proyecto que debía entregar a las ocho de la mañana del día siguiente lo dejó a una lado y cuando llegó la hora de marcharse no tuvo más remedio que llevárselo a casa.
Ahora el cansancio era agotador, pero no había tenido otro momento en todo el día, los niños dormían por fin, y aunque los párpados se le cerraban, sabía que no podía abandonarse al sopor.
Encendió su ordenador y se preparó una taza de café mientras el sonido de su portátil le indicaba que todo estaba preparado para que fuera utilizado. Se sentó frente a la pantalla mientras bebía un sorbo de su taza humeante.  El proyecto lo tuvo espabilado durante algunas horas, entretenido en su trabajo el tiempo pasaba deprisa, miró su reloj y vio que ya eran las dos de la mañana, sí lo imprimía ahora tendría cinco horas para dormir siempre que los niños no se despertaran. Conectó la impresora y se dispuso a ello, las hojas comenzaron a salir disparadas, las recogió y comprobó con estupor que ese no era su trabajo, ese no era el proyecto que le había tenido entretenido cuatro horas, ¿qué pasaba? Miró la pantalla, todo seguía bien, ahí estaba su proyecto, ¿por qué la impresión no coincidía? Desesperado se dispuso a cancelar la impresión e irse a dormir. Lo copiaría en un pen drive y al día siguiente en la oficina lo imprimiría tranquilamente. Su impresora era un cacharro inútil que debía cambiar con urgencia. Sí, eso era lo mejor que podía hacer, irse a dormir, por la mañana seguro que las cosas saldrían mejor.
 Cerró el programa y apago el sistema al tiempo que se levantaba con su taza ya vacía, iba a bajar la pantalla del ordenador cuando algo llamó poderosamente su atención. Un destello salió de ella iluminando la habitación, se detuvo cauteloso ante esta sorpresa y la miró atentamente, en ella comenzaron a aparecer grandes letras brillantes que decían: "JUEGA CONMIGO, JUEGA CONMIGO, JUEGA CONMIGO, JUEGA CONMIGO..."

18/8/11

Despertar

Arropada entre las sábanas, mecida por la suave claridad que a estas horas se cuela por mi ventana y me deja el regusto dulce de los primeros rayos de sol débiles todavía. En estas horas de mi despertar, rezagada intento cerrar de nuevo los ojos para prolongar un poco más ese sueño que aún no me ha abandonado y que ronda por mi frente zalamero. Remolona me entrego a él y me deleito a sus últimos besos de dulce sabor. Poco a poco se aleja de mí, me cuesta dejarlo  y perezosa abro los ojos intentando acostumbrarlos a la claridad, la luz es luminosa y un rayo cargado de millares de partículas diminutas atraviesa mi habitación. Me gusta pasar la mano por él intentando inútilmente captar las pequeñas partículas. Siento el calor de la mañana y la lejanía ya de mis sueños. El nuevo día ha comenzado.

26/7/11

Melancolía


 Anochece en Manhattan...

Sentados en el parque, silenciosos, abrigados por la ligera niebla y el rumor a lo lejos de los coches atravesando el viejo puente. No siento frío pero Tolstoi quiere caminar y me adentro con él en la espesura de este aprendiz de bosquecillo en medio de la civilización. Caminamos, yo pensativo, Tolstoi juguetón, se acerca a una perrita que le mira indiferente, se huelen y ambos gruñen al ser alejados por sus respectivos amos. Las relaciones entre los perros también parecen difíciles cuando son las personas las que los guían. Esto me hace pensar en mis últimas relaciones, las últimas y las primeras, por qué no, todas ellas acabaron en ese baúl de recuerdos donde van a parar las relaciones perdidas. Siento nostalgia, es un sentimiento que me embarga por completo y me recuerda lo que soy y lo que he sido, todas las personas que formaron parte de mí y que perdí, amigos que parecían eternos, las tardes que no volverán, los besos que no me darán y me sumerjo más y más en el bosque con Tolstoi.  

Paola Peinado


22/7/11

La casa

Sobre la montaña hubo un tiempo en el que se podía ver una deslumbrante casa colonial. Se cuenta que la construyó un indiano rico que cansado de su vida por tierras americanas quiso regresar a sus origenes e instalarse en el antiguo pueblo natal de sus padres. Con él se trajo a su esposa, una joven muchacha de buena familia, y una bonita colección de indias con las que la humillaba...
Desde entonces la casa solo había sido habitada por los descendientes del indiano y sus indias, pues su esposa nunca tuvo hijos.

Ahora, dos siglos después, la casa yace sobre sus propios escombros, nadie la habita.

-Todos dicen que esa casa está maldita ¿tú los conocías?
Paola Peinado
-Sí, claro que los conocía, pero yo tampoco sé lo que pasó.
-Dicen que ella lo mató.
-Dicen tantas cosas.
-El caso es que estuvo en la cárcel acusada del asesinato, ¿no es así?
-Sí, estuvo en la cárcel, pero ¿quién sabe? Yo no creo que ella fuera capaz de algo así.
-Entonces, tú quién crees que fue.
-Te parecerá raro, pero yo creo que fue la casa.
-¿La casa? ¿Qué quieres decir?
-No lo sé, Cuando paso por la puerta me recorre un escalofrío, no sabría decirte el motivo, pero esa casa ejerce una fuerza extraña, cuando estoy cerca siento ganas de atravesar la cancela, adentrarme por la espesura del jardín y llegar a la puerta principal. No sé por qué ni para qué, pero de lo que estoy seguro es de lo que me provoca, es como un abismo que me llama y me produce vértigo.
-Atracción fatal, no me hagas reír.
-Exactamente.

Cuando Gabriela salió de la cárcel se negó a volver a su casa, algunos dicen que era por remordimiento, sin embargo, cuando le preguntaron por el motivo solo dijo: "ella ya no me necesita, él era el último".


20/7/11

Una navidad más


Relato corto escrito por Yolanda Sánchez de las Matas y leído en el programa de radio "Cuenta conmigo" de M80 en el año 2001

19/7/11

Retablo de cuentos

Esta es una  obra escrita por varios autores que coincidimos en el taller de escritura creativa de Patricia Sánchez Cutillas entre los años 1999-2001


AUTORES:

El café por la noche
Vicent Van Gogh
 (1853-1890)

     Pako de Manuel, Ida Chacón María José Tejo Álvarez, Esther Ruiz de Pablos, Paula Kapstein L., Francisco José Espada, Eva Martín, Almudena Arribas Bergado, Marta Mateo R., Sherry Wheeler, María Encarnación Jaca Uriarte, Yolanda Sánchez de las Matas, José Gallego Fajardo, María Dolores Gómez, Laure Recio, Teresa Gómez Montero, Edita González Lenza, Carmen Andrés, Carmen Elicegui, Sara Gonzales de Pablos.


Huerga y Fierro 2001





 " Cuento viene de la palabra computare, contar de forma matemática. Y está más próximo a la poesía que a cualquier otro género. Estos veinte cuentos están escritos con el talento del artista y con la precisión del artesano; están hechos no sólo con la elaboración de lo que se hace con cuidado sino también con la pasión necesaria para sentirlos.
    Veinte cuentos, veinte ideas, veinte historias arriesgadas de quien lo tiene todo por ganar. Por eso, el buen lector disfrutará tanto con su lectura. "

Patricia Sánchez-Cutillas

17/7/11

Mi mariposa

Con besitos de azúcar creció a mi alrededor.



Cariñosa y juguetona, me perseguía, me buscaba, jugaba a ser mayor.
Yo me sentía feliz aunque sabía que aquello pasaría. El sueño tenía fin.
No sé cómo, ni de qué manera, solo sé que desperté.



La metamorfosis, sin embargo, fue paulatina.
Yo cada vez jugaba menos con ella y ella, poco a poco, dejó de buscarme, hasta el día en el que me di cuenta de que me faltaba algo.
La busqué. Intenté retomar aquél pasado que ya no volvería, hasta que comprendí que era absurdo.
En su lugar se instaló alguien que yo no conocía, es más, ni ella misma se conocía.
Traté de conciliarme con esa nueva imagen que se iba creando, pero a veces era tan difícil que mis fuerzas flaqueaban.
Busqué nuevas fórmulas en mi desesperada intención por reencontrar la relación de ternura perdida, pero este esfuerzo no me producía más que sinsabores.
Desesperada me dejé llevar y me abandoné a la providencia anhelando la huella de la seda en mi piel y un día...
No sé cómo, ni de qué manera, me pareció vislumbrar un suave tacto revoloteando a mi alrededor.
Era la misma piel sedosa de antaño, un perfume conocido me embriagó y vi el aleteo de unas alas queriendo volar a mi lado, muy cerca de mí, buscando fuerzas para poder emprender un vuelo en solitario, pero bajo el tibio empujón de mis manos,
y la empujé.



El gusanito era ya una bella y libre mariposa.

16/7/11

Sorbitos de canela

Entré presa de un aroma que me había cautivado y no me dejaba escapar. Sucumbí a aquellos olores y me adentre en un mundo donde quizás en sueños ya había estado. Todo era nuevo y sin embargo, entre el coco recién partido y el dulce despertar del café, sabía que algo familiar se encontraba en todo aquello. Me paseé por la estancia silenciosa a excepción del chirriar de mis pisadas en el parqué y miré sin pudor por todos los rincones impregnados de sensaciones absurdas hasta que al fondo de la estancia, iluminada por la tenue luz de una lámpara pequeña de sobremesa estaba ella, radiante y luminosa, repartiendo las pequeñas partículas de hojas secas de diferentes olores y colores. Me miró y supe que a partir de entonces sería un asiduo al té, de canela por favor.