Ahora que nos contamos

Vivimos un momento único para el cuento. La blogosfera nos acerca y cada vez somos más los que participamos en esta vorágine de lecturas. Nos leemos y comentamos. Aquí encontraras textos para la reflexión y mentiras, muchas mentiras adornadas de realidad...

También he querido hacer mi pequeño homenaje a esos autores a los que tanto debemos, su influencia pesa sobre nosotros y nos hace crecer.

Puedes participar con tus comentarios si lo deseas porque, ahora que nos contamos tantos cuentos..., es el momento.

Espero que el resultado valga la pena y que te sientas a gusto entre estas páginas.

8/4/12

Un sueño

Las escaleras son de madera. Grandes tablones de madera desgastados por tantos años… Especialmente roídos en el centro por pisadas y pisadas, cargados de historias, de vidas que en estos peldaños han ido pasando. A cada paso el rugir de la madera y la sensación de ir  hacia el pasado, a un sitio perdido ya, me hace sentir pequeña, me provoca una rara sensación, como una emoción tanto tiempo ya escondida y que al fin resurge. Mis pensamientos se dirigen a mundos lejanos, mi mundo, mis recuerdos. Recuerdo cuando subía esta escalera corriendo, jugando, saltando. El tiempo entonces no tenía sentido, sabía que algún día dejaría de ser niña, pero era algo tan lejano… Cada momento de la niñez se vive con tal intensidad como nunca después. Adriana me mira de reojo y sé que sabe lo que estoy pensando, son muchos años juntas ya. Sabe que en mi mente tengo mis trenzas, mis vestidos de flores azules, rosas y la sonrisa de niña feliz que nunca me abandonó.
Nos acercamos a la puerta. Una inmensa puerta de madera maciza, una puerta que me llevará al pasado. Saco la llave, es una llave grande, tosca, una joya en cualquier tienda de antigüedades y cierro los ojos en el momento de girarla. El olor a cerrado me devuelve a la realidad, esa realidad que me ha traído hasta aquí.
Cuando a Adriana se le ocurrió la idea de dar un cambio a su vida no pensé que sería para echar la vista atrás, pero he de reconocer que a veces es bueno, por eso de dar impulso. Adriana perdió su trabajo y las cosas no le han ido demasiado bien desde entonces, al contrario que a mí, por suerte no me puedo quejar. Quería ayudarla pero no sabía cómo, ¡por fin siento que puedo hacerlo! Ahora la miro yo de reojo y veo la ilusión en su cara. Estoy decidida porque sé que ella hubiera hecho lo mismo por mí y porque, sobre todo, quiero hacerlo. Sin embargo, siento una gran emoción, recorro cada rincón de la casa y en cada habitación rememoro una escena, escenas que nunca volverán. En fin, no quiero demorarme más de lo necesario, sería contraproducente que la melancolía no me dejara llevar a cabo esta empresa.
 Abro los armarios y lo que veo es de una gran belleza. Mi abuela era una gran mujer que sabía lo que quería y las prendas, joyas y accesorios son de un gran valor; para mí sentimental, para Adriana el principio de una vida, un sueño llamado vintage.

Foto: Paola Peinado