Ahora que nos contamos

Vivimos un momento único para el cuento. La blogosfera nos acerca y cada vez somos más los que participamos en esta vorágine de lecturas. Nos leemos y comentamos. Aquí encontraras textos para la reflexión y mentiras, muchas mentiras adornadas de realidad...

También he querido hacer mi pequeño homenaje a esos autores a los que tanto debemos, su influencia pesa sobre nosotros y nos hace crecer.

Puedes participar con tus comentarios si lo deseas porque, ahora que nos contamos tantos cuentos..., es el momento.

Espero que el resultado valga la pena y que te sientas a gusto entre estas páginas.

20/5/12

¡De hoy no pasa!


Como venía haciendo desde hacía tanto tiempo, me senté frente al ordenador y me dispuse a escribir. No era consciente de lo que escribía hasta que sonó el timbre y desperté del letargo en el que la escritura me había embutido. Después de contestar con amabilidad a la vecina que no sé qué me decía de un ruido que se oía en la escalera, leí lo escrito hasta entonces. Todo era absurdo, sin fuerza. Mis ansias creadoras se confundían con una banal y absoluta desidia. Comprendí que era el momento de despertar, o quizás el momento de resucitar, a juzgar por cómo mi total estado de latencia me había sumergido en algo más próximo a la muerte que a la vida. Decidí, por primera vez en mi vida consciente de mis pensamientos, que había llegado el momento de la verdad, mi vida debía dar un giro de 180 grados o yo perecería entre sus lagunas de desdén absoluto.
Sin vacilación me dispuse a Hacer un pequeña maleta con lo más necesario y sin pensármelo dos veces cerré la puerta de mi casa sin saber por cuánto tiempo.
Me dirigía a casa de mi hermana para pedirle la autocaravana. Sería sólo por unos días y ella ahora no la utilizaba. Me sorprendió ver, cuando llegué a su casa, las ventanas todavía cerradas. A esas horas ella normalmente ya había llegado de trabajar. Llamé al timbre, un interruptor aparatoso que me producía sacudidas en el estomago al pulsarlo. Me temblaban los brazos, tenía sed y ese vértigo que hace que las pulsaciones se aceleren al sentirte próximo al abismo. Volví a pulsar, ahora con más timidez, no sabía bien lo que estaba haciendo. Esperé y cada minuto se hacía eterno. Cuando estaba dispuesta a irme escuché una voz por el interfono.
El trepidante y molesto rugido del telefonillo al ejercer su trabajo de abrir la puerta taladró mi cerebro. Perdí la movilidad, mis músculos no respondían. Pensaría que era un loca. Qué le iba a decir, que me iba por ahí a pasar la vida, a recorrer mundo en su autocaravana. El maldito interruptor seguía descontrolado provocándome tantas molestias que poco a poco fui moviéndome. Primero los brazos, las piernas, poco a poco estiré mis articulaciones al tiempo que abría los ojos y me alejaba de esa puerta, de ese timbre, de esa libertad. Mi habitación apareció entonces ante mis ojos y sentí el alivio de la seguridad y la angustia de sentirme en el mismo punto muerto. 
¡De hoy no pasa! Me dije mientras me desperezaba.

Imagen: autor desconocido