Ahora que nos contamos

Vivimos un momento único para el cuento. La blogosfera nos acerca y cada vez somos más los que participamos en esta vorágine de lecturas. Nos leemos y comentamos. Aquí encontraras textos para la reflexión y mentiras, muchas mentiras adornadas de realidad...

También he querido hacer mi pequeño homenaje a esos autores a los que tanto debemos, su influencia pesa sobre nosotros y nos hace crecer.

Puedes participar con tus comentarios si lo deseas porque, ahora que nos contamos tantos cuentos..., es el momento.

Espero que el resultado valga la pena y que te sientas a gusto entre estas páginas.

17/7/12

Sin escrúpulos


Todavía no era capaz de someter a aquellos inocentes a las agresivas prácticas que sus compañeros, acostumbrados ya, llevaban a cabo sin el menor escrúpulo. Pero no le costaría mucho trabajo, era solo cuestión de tiempo. En el momento en que probara el elixir resultante de todo aquello, no tendría tantos inconvenientes.
Cuando su jefe apareció a última hora en la oficina para comprobar si había cumplido con los objetivos marcados, solo le pudo presentar las operaciones realizadas a dos jubilados cuya pensión no alcazaba para cubrir gastos, y una viuda que llevaba tiempo en el paro. No estaba mal para el primer día y,  sin embargo, el tono con el que su superior se dirigió a él demostraba que era insuficiente. Él era el nuevo en la sucursal bancaria y la presión solo acababa de empezar.
Al poco tiempo no tuvo ningún inconveniente en dejar a una familia, y a otra, y así sucesivamente… Sin vivienda. Él solo cumplía con su trabajo. Pasó el tiempo y todo se complicó un poco, la gente ya no era tan confiada y parecía que hasta su puesto estaba en peligro. Fue una mañana al llegar a la oficina cuando sucedió. Su carta de despido estaba sobre su mesa. El banco a pesar de todos los intentos y demás inyecciones, no lograba remontar. Después de quince años de lucha en aquella sucursal sin el menor reparo lo despedían. Bueno, se dijo, al menos cuento  con varias casas que supe comprar a tiempo.  
                                 Viñeta: J. Macipe