Ahora que nos contamos

Vivimos un momento único para el cuento. La blogosfera nos acerca y cada vez somos más los que participamos en esta vorágine de lecturas. Nos leemos y comentamos. Aquí encontraras textos para la reflexión y mentiras, muchas mentiras adornadas de realidad...

También he querido hacer mi pequeño homenaje a esos autores a los que tanto debemos, su influencia pesa sobre nosotros y nos hace crecer.

Puedes participar con tus comentarios si lo deseas porque, ahora que nos contamos tantos cuentos..., es el momento.

Espero que el resultado valga la pena y que te sientas a gusto entre estas páginas.

4/2/15

Buscando el equilibrio

         


 



Fotografía: Robert Doisneau
Sucedió una mañana lluviosa, recuerdo  que llovía torrencialmente y estuve tentada de no salir, pero finalmente decidí que era mejor seguir con mis planes y salí a la calle con la intención de resolver unos  problemillas bancarios y realizar unas pequeñas compras para el fin de semana. Estaba especialmente contenta, era viernes y había invitado a unos amigos a cenar a casa. Aquella cena significaba mucho para mí. Hacía poco tiempo que estaba trabajando como profesora de idiomas en la escuela oficial y  me había mudado a una bonita casa muy cerca de la escuela, en una zona tranquila donde me podría dedicar a la pintura, mi gran afición. Mis invitados eran muy importantes para integrarme en la comunidad y quería impresionarlos.

Salí de mi nueva casa preparada para la lluvia. Caía tan fuerte que no podía sostener el paraguas, el aire conseguía arrancármelo de las manos y doblarlo. Me paré delante del semáforo en rojo y esperé a que el muñequito verde apareciera, lamentando profundamente haber salido aquella mañana. Por fin el semáforo me daba la preferencia y cruce la calle. Al llegar a la acera me sobresaltó el chirriar de unos frenos, miré para atrás y vi como un coche que iba demasiado rápido había frenado bruscamente en el semáforo. ¡Van cómo locos! Pensé al momento que doblaba la esquina y me topé con un hombre corpulento que se me cayó encima sin sentido. Caí al suelo y maldije mi suerte. Estaba dolorida y mojada, aquel estúpido, del mismo modo que se abalanzó sobre mí desapareció sin ni siquiera pedirme perdón. Deseé llegar a la sucursal bancaria para poder acabar con mis tareas e irme a casa. Por fin llegué a mi destino y con bastante desgana, me atendió  una antipática señorita que parecía que estaba allí tan solo para amargar la vida a los ciudadanos. No solucioné nada, esa chica era medio boba y no entendía mis palabras, parecía que hablábamos diferentes idiomas. ¡Qué mal me estaba saliendo todo! Y eso que había despertado contenta. Todavía me quedaban las compras, que serían especiales para mi particular cena y deseé encontrar todo lo que buscaba porque estaba tan cansada que sólo podía pensar en llegar a casa y descansar.

El mercado estaba cerrado. ¡No era posible! Huelga de comerciantes. ¡Pero esta gente estaba loca! ¡Un viernes por la mañana y cerraban! ¡Esto se iría a pique! ¿Qué iba a hacer ahora? Una de dos, o me iba a la tienda de chinos que estaba al lado de mi casa y que seguro que pasaba de la huelga o... No habría cena. Con la moral por los suelos y calada hasta los huesos llegue a la tienda china y cuál no sería mi sorpresa al comprobar que también estaba cerrada. Esto significaba el fin, era el fin de mi cena. Me dirigí a casa tan triste como agotada e introduje la llave, pero algo no funcionaba bien, la llave daba vueltas sin parar y me era imposible abrir la puerta. Destrozada caí al suelo y me senté allí. No recuerdo cuanto tiempo pasé en aquella posición, esperando, aunque no sabía el qué. Lo único que recuerdo es que mi vecina me zarandeó obligándome a reaccionar y que me decía que allí no podía estar. Pero, ¿es que no me reconocía? ¿Qué clase de locura era esa? Traté de explicarle que mi llave no abría al tiempo que la intentaba  convencer de que yo era la dueña de la casa. Pero vi en sus ojos que era una tarea inútil. Absurda realidad, ¿qué me estaba pasando? Todo era un mal sueño, estaba segura, tenía que serlo, sino, no se explicaba nada. Yo misma hacía unas horas que había salido de aquella casa, la había cerrado con la llave que llevaba en mi bolso y ahora esa llave no abría y mi vecina decía no conocerme. Aturdida salí de allí, deambulé sin sentido, me aproximé sin darme cuenta a un hospital y cuando me quise dar cuenta estaba en una cama. Más tarde, alguien que decía ser de mi familia me contó que un coche me atropelló una mañana de viernes en la que me dirigía a trabajar a la sucursal bancaria. Recibí un fuerte impacto y parece ser que creé en mi mente una vida que no era la mía, mi verdadera vida la había olvidado. Ahora, recuperada ya de mis lesiones, intento vivir esa vida que soñaba y que el accidente me reveló. Sin embargo, no me está siendo fácil pues cada día lucho por conseguir un equilibrio entre lo que soy y entre lo que fui.